lunes, 25 de julio de 2011

El observador que somos

Esta publicación la he visto en el "Espacio de Coaches Ontológicos", grupo del que soy miembro desde hace un tiempo, como es un grupo cerrado de Facebook, he decidido publicar el escrito en mi blog para que todos vosotros podáis disfrutarlo también. Espero que os haga pensar como me hizo pensar a mí...





Era una vez, una industria de calzado, que desarrolló un proyecto para exportar zapatos a la India. La Gerencia de la empresa envía a sus dos mejores consultores a puntos diferentes de la India para hacer las primeras observaciones del potencial de compra de aquel futuro mercado.

Después de algunos días de investigación, uno de los consultores envía el siguiente fax a la gerencia de la industria:

“Señores, cancelen el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí nadie usa zapatos”.

Sin saber de ese fax, algunos días después, el segundo consultor manda el siguiente mensaje:

"Señores, tripliquen el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí todavía nadie usa zapatos."

Como pueden apreciar, la misma situación era un tremendo obstáculo para uno de los consultores y una fantástica oportunidad para el otro consultor.

De la misma forma, todo en la vida puede ser visto de diferentes maneras y con enfoques distintos. La sabiduría popular nos traduce esta situación de la siguiente manera:

"Los tristes sienten que el viento gime; los alegres sienten que él nos canta”.

El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos.

viernes, 22 de julio de 2011

Quemando etapas...

Hay momentos en la vida que invitan a la reflexión, normalmente es en esos momentos cuando la gente nos dice que nos ve raros o “de bajón”, y no necesariamente tenemos que estarlo, simplemente estamos reflexionando...

Habitualmente, ese tipo de períodos de reflexión nos ayudan a evolucionar, sin embargo, a veces es duro dejar atrás determinadas cosas para avanzar hacia una nueva meta.

¿Cómo se estructura nuestra evolución como seres humanos? Pues en cualquier faceta de la vida, nuestra evolución se estructura en varias etapas, ya sea a nivel profesional, personal, relacional, etc...

Empezamos siempre por etapas inferiores o más sencillas, y a medida que vamos adquiriendo experiencia y por consiguiente confianza en nosotros mismos y en lo que hacemos, vamos “quemando” esas etapas para embarcarnos en una nueva aventura que nos llevará hasta la siguiente etapa.

En esta evolución natural, a veces se hace duro ese cambio, ya que solemos acomodarnos en el lugar donde dominamos cualquier situación, pero personalmente, considero que es de cobardes quedarse estancado y negarse a avanzar por el hecho de “controlar la situación”.

Embarcarnos hacia cosas nuevas, donde hay que asumir riesgos siempre genera intranquilidad e inquietud, pero si no nos ponemos a ello va a ser difícil que avancemos en la vida (por no decir imposible). Hay que quitarse el miedo a lo desconocido.

Y si fracasamos... ¿qué es lo peor que nos puede pasar? Quizás que nos tengamos que volver a levantar, sacudirnos el polvo y volver a empezar.

Son los períodos de reflexión de los que hablaba antes donde hay que hacer una lista de pros y contras, analizar todo lo que puede ocurrir... y si nos daños que provocaría el fracaso no son irreparables... no debemos dudar en emprender la aventura de buscar nuevos caminos, quemar etapas e intentar avanzar hacia nuestro nuevo futuro.

Las vacaciones suelen ser un período muy propicio para plantearnos nuevos retos y proyectos, para planificar cómo será nuestro próximo ciclo a partir de septiembre, así como el final y principio del año, que también nos animan a emprender nuevos retos. En estas épocas es cuando se llenan los gimnasios, las academias de idiomas, los centros para dejar de fumar, consultas de coaching, etc...

Es muy importante la constancia en todo lo que emprendemos, ya que no sirve de nada empezar muy fuerte para dejar nuestro nuevo e ilusionante proyecto al cabo de unas semanas. Así que hay que analizar muy bien el por qué de todo lo que hacemos, debemos buscar una motivación suficientemente fuerte y si vemos que nuestra meta no es proporcionada, buscar una que se adapte a nuestras condiciones presentes. Esto no significa que no vayamos a llegar a la meta que nos habíamos propuesto, sólo que hay que ser realistas e ir marcándonos objetivos alcanzables en el presente para que progresivamente nos vayamos acercando a nuestra meta final. Mediante estos objetivos iremos “quemando” las etapas necesarias para conseguir llegar a donde nos habíamos propuesto inicialmente.

Dicho esto, cuando os llegue el momento de reflexionar, espero que lo hagáis de la manera que os vaya a ser más beneficiosa. No me queda más que deseados mucha suerte en vuestros nuevos proyectos...

jueves, 14 de julio de 2011

¿A donde nos lleva el rencor?

Tenemos una creencia generalizada sobre lo importante que es el orgullo para hacernos respetar en la sociedad. Ligado a éste, vienen otras consecuencias como por ejemplo el rencor.

¿Y cómo podríamos definir el rencor? Es un profundo resentimiento que se incuba como una enfermedad. el rencoroso se aferra a ese sentimiento de manera obstinada y obsesiva, lo cual puede llegar a provocar debilidad en su salud mental. Según el diccionario, es un sentimiento arraigado y persistente. Y en términos más coloquiales, yo lo definiría como esa mala sensación que sentimos al hablar de algo o de alguien que en el pasado nos pudo causar algún daño.

Hace poco, en un curso sobre actitud, explicaba a los asistentes que la actitud tiene tres componentes: el cognoscitivo, que nos permite conocer un objeto social, el emotivo, que nos hace sentir algo hacia ese objeto social y el conductual, que es el que hace que nos comportemos de una u otra manera ante el mismo.

Basándonos en esta teoría, personalmente considero que el rencor puede resultar bastante absurdo. Y para llegar a esta conclusión sólo hay que hacerse unas preguntas que nos pueden servir para esta y otras situaciones:

¿Cómo me hace sentir? y sobre todo ¿Qué me aporta esta situación?. Poca gente (por no decir nadie) sería capaz de contestar algo positivo a estas dos preguntas... entonces no me queda más remedio que lanzar una tercera pregunta... ¿Y por qué me decanto por la opción del rencor? supongo que la respuesta a esta pregunta nos lleva al mismo punto de partida, es una cuestión de orgullo o dignidad, o como hayamos preferido llamarlo, pero todos sabemos de qué se trata.

Sólo me gustaría que hiciésemos una reflexión al respecto, que por defecto profesional la basaré en una pregunta ¿qué gano siendo tan orgulloso? quizás que me respeten, o que me tengan en consideración, incluso que la gente pueda llegar a tener miedo a mis reacciones debido a mi carácter altivo... puede ser...

Pero la siguiente pregunta seguramente no nos la hayamos planteado nunca... ¿Y qué pierdo siendo tan orgulloso? A simple vista nos cuesta ver las cosas que hemos podido llegar a perder a lo largo de toda nuestra vida, pero si nos sentamos delante de un papel en blanco con un bolígrafo en la mano, puede que lleguemos a una conclusión que no nos guste. Si lo pensamos bien, por nuestro orgullo hemos perdido amistades, oportunidades de pasarlo bien y disfrutar, incluso puede que alguna pareja, quizás nuestra relación con algún familiar se ha visto perjudicada por esto mismo... y mi pregunta final es... ¿Merece la pena?

Sentémonos, reflexionemos y saquemos conclusiones, espero que aprendamos a vivir sin tanto rencor.

miércoles, 15 de junio de 2011

Las actitudes en condiciones extremas de supervivencia: Sir Ernest Shackleton

Sir Shackleton en 1914 junto a 28 hombres en el Endurance, se propone atravesar la Antártida, sin embargo la nave queda atrapada entre los hielos polares, y después de que quedase destruida deben abandonarla. Liderados por Shackleton, cazan focas y pingüinos disputándoselas peligrosamente a las Orcas, pero lo que tuvo un impacto significativo sobre el futuro de todos esos hombres, fue que sobre los témpanos de hielo organizaban competiciones deportivas, celebraban cumpleaños, leían la Enciclopedia Británica, y se las arreglan para tener todos los días actividades que les ayudasen a mantener la moral arriba. Finalmente, Shakleton logra encontrar ayuda, son rescatados por la nave Chilena Yelcho y vuelven a casa todos sanos y salvos.


Shackleton no había perdido ni un solo hombre en los tres años que duró su expedición. La aventura de Shackleton, es posiblemente la más importante de cuantas se han vivido en los Polos, y aunque no aportó ningún beneficio material, ni ningún avance científico, a excepción de la experiencia personal de los protagonistas, la supervivencia de todos los participantes supone en sí misma un triunfo, una victoria del hombre sobre las condiciones naturales más adversas basándose en un elemento fundamental: el manejo todo el tiempo de la actitud en la tripulación.

jueves, 2 de junio de 2011

El líder nace o se hace (continuación)

El líder es la referencia dentro de un grupo (ya sea un equipo deportivo, un curso universitario, una compañía de teatro, el departamento de una empresa, etc.). Es la persona que lleva "la voz cantante" dentro del grupo; su opinión es la más valorada.


El liderazgo no tiene que ver con la posición jerárquica que se ocupa: Una persona puede ser el jefe de un grupo y no ser su líder y, al contrario, puede ser el líder sin ser el jefe.

A los miembros del grupo les inspira confianza saber que al frente del mismo se encuentra el líder. Lo que caracteriza al líder es su habilidad para conducir equipos; aunque muchas son las cualidades que definen al líder.

Visionario: se caracteriza por adelantarse a los acontecimientos, por anticipar los problemas y detectar oportunidades mucho antes que los demás. Persona de acción: no se contenta con soñar, el líder quiere resultados. Brillante: el líder sobresale sobre el resto del equipo. Coraje: no se amilana ante las dificultades. Contagia entusiasmo: consigue que el equipo le siga, que comparta sus objetivos. Gran comunicador: habilidad que le va a permitir "vender" su visión de manera sugerente. Convincente: sabe presentar sus argumentos de forma que consigue ganar el apoyo de la organización. Gran negociador: el líder es muy hábil negociando. Capacidad de mando: es una persona comprensiva, pero no una persona blanda. Exigente: con los demás, pero también, y muy especialmente, consigo mismo. Carismático: si además de las características anteriores, el líder es una persona carismática, nos encontraríamos ante un líder completo. No obstante, hay que señalar que es perfectamente posible un líder sin carisma. Honestidad: unos elevados valores éticos son fundamentales para que el liderazgo se mantenga en el tiempo. Cumplidor: el líder tiene que ser una persona de palabra: lo que promete lo cumple. Coherente: el líder tiene que vivir aquello que predica.

Otras características del líder, asimismo importantes, que permiten fortalecer su papel, son las siguientes:

Trabajador: el líder debe mostrar una gran dedicación al trabajo, debe predicar con el ejemplo, trabajar duro, que el grupo vea que está volcado con lo que hace. Pero debe ser capaz de llevar una vida equilibrada, de compaginar su actividad profesional con su faceta personal, familiar, social, etc. Perseverante: Tan sólo la perseverancia permitirá triunfar en el empeño. Flexible: Un auténtico líder no teme que por cambiar su punto de vista o por aceptar la opinión de otra persona esté dando muestras de debilidad. Autodominio: tiene que ser una persona fuerte, capaz de mostrar serenidad e infundir tranquilidad en los momentos más difíciles. Prudente: aunque el líder sea una persona que asume riesgos, no por ello deja de ser prudente. Realista: el líder está siempre con los pies en el suelo. Justo: el líder debe ser (y parecer) una persona justa. Humano, accesible y humilde: el líder es una persona cercana. Generoso: la generosidad es fundamental en todo líder. Culto: El líder debe preocuparse por desarrollarse personalmente, por alcanzar un elevado nivel cultural. Inquieto: es una persona inconformista. Con sentido del humor: el humor es fundamental en la vida, siendo especialmente útil en los momentos de dificultad. Optimista: el optimismo es contagioso, se expande al resto. En buena forma física: el líder tiene que cuidarse, llevar una vida sana, hacer deporte, cuidar su alimentación, descansar. Es la única forma de poder rendir al 100%.

Después de leer todas estas características te estarás preguntando si hay que nacer con algún don innato para poder llegar a ser un buen líder.

La opinión generalizada es que hay líderes que nacen con capacidades innatas y hay otros que se van formando en su desarrollo profesional y personal.

Las habilidades innatas favorecen el desarrollo del líder, pero a veces resulta más determinante la formación que uno va adquiriendo y la experiencia que va acumulando.

Personalmente, opino que todas estas cualidades se pueden ir entrenando poco a poco y finalmente, conseguir llegar a la excelencia.

Desde aquí, te animo a trabajar estos aspectos para poder llegar a ser el líder de tu grupo de trabajo u ocio, y como siempre, te insto a que me comentes tus experiencias!

martes, 24 de mayo de 2011

El Ave Fénix

Era un soleado día de verano, Carmen era estudiante de Derecho y estaba en plena época de exámenes. Estaba preparando un examen oral de Derecho Penal. Cada vez que se veía subiendo a la tarima delante de todos sus compañeros a responder las preguntas del profesor, le temblaban las piernas, aparecía el sudor frío y sentía una taquicardia. Era tan importante aprobar… que no sabría qué podía pasar si no lo hacía. Sonó su teléfono móvil, era un mensaje de Miguel, un buen amigo que ese día recogía su coche nuevo del concesionario. El mensaje decía “asómate a la ventana y verás la joya que me he comprado”. Carmen se asomó, pero al ver el flamante coche, no se pudo resistir y le hizo señas de que no se fuese, que iba a bajar. En un segundo estaba bajo admirando el coche de su amigo. Él la invitó a conducirlo y sin pensárselo se puso al volante, salió del pueblo, y se encaminó hacia la ciudad por la autovía. Por el camino iban charlando de muchas cosas, los exámenes de ella… la nueva conquista amorosa de él…


A la vuelta, estaban parados en un semáforo a la salida de la ciudad mientras Miguel contaba un chiste sobre un avión y Carmen reía alegre. En ese momento, se oyó un ruido muy fuerte y Carmen escuchó cómo Miguel maldecía… todo se volvió distinto, sabía que se movía pero no hacia qué dirección ni por qué, soltó los pedales y el volante dejándose llevar y pensando que iba a morir. No entendía muy bien qué pasaba, pero cuando abrió los ojos vio a su amigo con los ojos cerrados y la boca abierta. En seguida se acercó un chico y le preguntó cómo estaba, a lo que ella sólo podía contestar “le he matado”. Le dijeron que saliese del coche, pero ella no quería, se sentía tan culpable que sólo deseaba que el coche explotase con ella dentro. Mientras tanto, alguien intentó abrir la puerta del coche para intentar sacarla a la fuerza, pero se dieron cuenta de que no se abría. Al cabo de un rato, Miguel abrió los ojos, miró a Carmen, sonrió y le dijo “mala hierba nunca muere”. Una vez recuperado, Miguel se dio cuenta de que Carmen estaba atrapada por el chasis del coche, que se había arrugado como un papel cuando ya no sirve. No pasó mucho tiempo cuando llegaron los bomberos junto a la ambulancia, mientras intentaban sacarla del coche, Carmen empezó a escuchar el relato de lo que había sucedido de boca de los testigos que se apiñaban alrededor del coche y empezó a comprender que había tenido un accidente. Según oía a la gente, habían dado tres vueltas de campana y se habían desplazado hasta el otro carril, ahora se daba cuenta de que no le sonaba estar allí antes. Todos estaban muy preocupados, pero ella estaba bien, no le dolía nada, sólo la cabeza, eso sí, el dolor de la cabeza era terrible.

Una vez estuvo fuera del coche, la pusieron en una camilla, le pusieron un collarín enorme y la subieron a la ambulancia. Fue de camino al Hospital cuando se dio cuenta de que sólo le dolía la cabeza porque no sentía el resto del cuerpo. Miguel intentaba mantener el ánimo y seguía contando anécdotas para distraerla, mientras la doctora se esforzaba en hacer todo tipo de pruebas.

Se quedó ingresada en el hospital, tenía una lesión en un ojo que hubo que operar y su familia no la dejaba sola en ningún momento. Todas las noches se quedaba su madre a hacerle compañía. Carmen se hacía la dormida para que su madre pudiese descansar, y entonces la oía llorar noche tras noche, hasta que un día abrió los ojos y le preguntó a su madre por qué lloraba, a lo que ella contestó llena de tristeza “me han dicho que no volverás a andar”. Carmen, con la espontaneidad que la caracterizaba, le contestó “eso es lo que creen ellos, esos no me conocen”.

Al día siguiente, cuando llegó el médico, Carmen le preguntó abiertamente si no había nada que hacer al respecto, si estaba condenada a vivir el resto de su vida postrada en una cama y le explicó que al principio no notaba nada de cuello para abajo, pero en ese momento ya notaba los brazos y el tronco, así que ella confiaba en que pasaría lo mismo con el resto del cuerpo. El médico le explicó que iría sintiendo más algunas partes de su cuerpo, pero de cintura para abajo no sentiría nada, ya que tenía una lesión en la médula. Ella le pidió una alternativa, no podía creer que con veinte años, y en un pestañeo, sus preocupaciones hubiesen cambiado tanto, de tener pánico a suspender un examen, a pensar que estaría el resto de su vida dependiendo de los demás.

Al cabo de un rato, el médico volvió a entrar en la habitación para comunicarle que había un tratamiento experimental, que consistía en inyectar una sustancia en la médula espinal. Eso no le garantizaba nada, ya que no sabían si mejoraría o incluso empeoraría, pero lo que ella tenía claro es que no se iba a rendir sin intentarlo. Sus padres intentaron convencerla de que no lo hiciese, por miedo, pero ella estaba decidida, firmó los papeles y al día siguiente la trasladaron al nuevo hospital donde iban a realizarle el tratamiento.

Durante dos meses, el día a día fue muy duro, ya que sólo le pinchaban y no veía la mejoría en nada, pero una noche de finales de agosto, Carmen despertó por un pinchazo muy fuerte que sintió en la cadera y lloró de alegría… No quiso que le pusieran ningún calmante, ya que la felicidad que sentía era causada precisamente por ese dolor y quería sentirlo siempre. Al día siguiente quiso bajar al gimnasio con más alegría que nunca. Allí contó a todos que sentía dolor, de hecho tenía que parar su rutina por los pinchazos que iba sintiendo a lo largo de las piernas, pero respiraba hondo y se volvía a incorporar a las tareas en seguida.

Al cabo de un mes de entrenamiento, podía andar en las barras y utilizaba el andador como si nunca hubiese dejado de andar. Un día se soltó del andador y por fin lo hizo sola, estaba andando de nuevo. Las lágrimas rodaron por su cara y se dio cuenta de que lo había conseguido…

viernes, 13 de mayo de 2011

El Líder.. ¿nace o se hace?



Después de ver este vídeo nos quedan pocas dudas al respecto, ¿verdad? Nuestros niños de hoy son los líderes del mañana. Si les damos la educación adecuada, todos podrán desarrollar sus habilidades sociales al máximo. Una sobreprotección puede arruinar este talento natural que tiene un niño, así que dejémosles desarrollarse a su manera. Del mismo modo, también se puede ayudar a nuestros pequeños con sus habilidades sociales si no han nacido tan predispuestos a ellas, fomentándoselas desde la infancia.

Los adultos también podemos aprender mucho sobre el tema, no por haber dejado la infancia se nos han cerrado todas las puertas. Sólo necesitamos un poco de tesón. Con la preparación adecuada, todo el mundo es capaz de conseguir lo que desea. Empecemos por las habilidades sociales. ¿Qué os parece?