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martes, 24 de agosto de 2010

Lección de Tango

Me gustaría compartir con vosotros un relato escrito por mi buen amigo DANIEL SOTELINO sobre la actitud. Espero que os guste:


Matías, Luis y Valerio se acercaban por la calle a paso ligero hacia la escuela de Danza. Era una noche fría, de las muchas a las que estaban acostumbrados desde que vivían en aquella ciudad. Matías era un joven de tez morena, porte elegante, figura atlética y amplios ojos negros. Iba mascullando palabras inaudibles. Llegaba tarde y no quería hacerse esperar siendo el primer día de clase. Estaba entusiasmado con la idea de aprender a bailar tango. Luis y Valerio le seguían unos pasos más atrás a un ritmo mucho más relajado. Luis era hermano gemelo de Matías. A pesar de las múltiples similitudes que caracterizan a los hermanos gemelos, en su caso, esas similitudes tan solo eran físicas. Luis se tomaba la vida con filosofía, su filosofía. Le gustaba observar, disfrutaba de la vida solo por el simple hecho de vivir. No tenía grandes pretensiones, simplemente se dejaba llevar. Se había propuesto disfrutar la vida como si de un regalo de cumpleaños se tratase. Rompía con torpeza el papel que lo cubría, esperando con calmada ilusión lo que hallaría en su interior. Valerio, primo de ambos, podría haber pasado por hermano de ellos, eran un poco más alto que sus primos pero su aspecto era similar. Valerio se preguntaba cómo había podido dejarse manipular para acompañarles a la escuela de Danza. Él siempre había aborrecido bailar, ¿cómo no hacerlo si todo el mundo sabía que desde niño siempre había sido un pésimo bailarín?




Cuando la puerta se cerró al paso de Valerio, Matías se encontraba ya sentado en un pequeño banco de madera colocándose los zapatos de baile, que con tanto ímpetu había comprado la misma tarde que pago la matrícula de acceso a aquel curso. Esperaba que sus cuatro semanas de duración le convirtiesen en un experto bailarín. Cuando el profesor entró por la puerta, el nutrido grupo de chicos y chicas esperaba listo para su primera lección.



-Para bailar tango, lo primero que deben aprender es a caminar. Háganlo para delante, deben deslizar sus pies por el suelo. Primero adelanten el pie y luego hagan que el cuerpo le siga. Mantengan la espalda en posición erguida.- El profesor se sentó y metió un cd en la cadena de música que se encontraba junto a su pequeño banquito, mientras miraba distraído a sus alumnos.



-¿Caminar? ¡Yo ya se caminar! ¿Vengo a un curso de baile para que me enseñen a andar? Yo quiero bailar, quiero que me enseñen a hacer ochos y giros, quiero parecer un auténtico galán. Yo lo que pretendo es ser uno de esos hombre elegantes como los que tantas veces vi en las películas.- Pensó Matías, mientras su cara comenzaba a reflejar su enorme contrariedad.



Luis caminaba cómicamente como si de un antigalán se tratase, su espalda desgarbada, poco erguida. Se movía con torpeza. Mientras divertido miraba a su alrededor con fingido aire altanero.



Valerio caminaba lento, tenía una postura natural perfecta para bailar tango. Al ser más alto que Matías y Luis su presencia era espectacular. Él lejos de darse cuenta, pensaba en que quizás si hubiese conseguido superar las embestidas de sus primos para gastarse el dinero en algo tan poco aprovechable para él como el baile, podría haber dedicado ese dinero para comprar aquellas llantas tan impresionantes que había visto en la tienda de autos del centro comercial.







-Fantástico!!. - Le digo el profesor. -¡Un porte ideal para bailar Tango!



Valerio sorprendido por aquel comentario, inmediatamente desecho cualquier aspecto positivo en él, se dijo para sí.- El profesor con su evidente pluma, ha puesto sus ojos en mí y está tratando de alagarme para llevarme al huerto. Ya sabía yo que no debía venir aquí.- Algo en el interior de su bolsillo comenzó a moverse rápidamente, una musiquilla comenzó a sonar alterando el ritmo de la clase. Saco el pequeño teléfono del fondo de su bolsillo y atendió interesado la llamada. Nada más colgar, se acerco a sus primos para decirles que le acaban de llamar del despacho donde trabajaba y que debía ausentarse. El sabía perfectamente que aquella tarea, no era tan urgente. Mientras cruzaba la calle en dirección a la parada del metro, se prometió no volver a pisar una Escuela de Danza.



Luis miraba divertido a su alrededor, pronto algunas de las féminas del lugar empezaron a fijarse en su paso descompasado y cómico, para ellas resultaba tremendamente divertido. Él les devolvía la mirada regalándoles muecas burlonas, a otras les regalaba sonrisas de complicidad.



-Bueno, ya es suficiente.- Dijo el profesor.- Ahora vamos a aprender algo nuevo, dejaremos de caminar para adelante.- Guardó silencio por unos segundos. -Comenzaremos a caminar, pero esta vez hacia atrás.



La cara de Matías se puso roja, de sus ojos parecieron salir rayos capaces de fulminar a cualquiera de los presentes. No podía creer que ese estúpido profesor fuese tan sumamente incompetente. Seguramente no fuese un profesor titulado y sus conocimientos de baile serían escasos. Lo que pretendía era alargar lo máximo posible el momento para dar los avanzados conceptos que él esperaba aprender. De esta manera, evitaría que sus alumnos se dieran cuenta, de las que para él, eran ya unas más que evidentes carencias.



-¡Mierda!- Masculló Matías. La joven que se encontraba caminando a su lado, pego un pequeño botecito, lo miró de reojo. Disimuladamente se fue alejando de él.



-¡Muy bien! Todos los días del curso durante la primera media hora de clase nos dedicaremos a caminar, primero para delante, después hacia atrás.- Dijo el profesor mientras recordaba los años que vivió en Buenos Aires aprendiendo los secretos de aquel baile, que siempre le había fascinado. Allí, en la mayoría de las Escuelas de Tango del país, se pasaban largos meses aprendiendo a caminar. Hasta que los alumnos no interiorizaban aquella particular forma de moverse, no se les enseñaba ningún concepto, movimiento o técnica. Él, tras su largo estudio de las costumbres argentinas, y viendo que en la sociedad europea esto tendría una triste acogida, decidió que sólo dedicaría una cuarta parte del tiempo de sus clases en la práctica del tan importante arte de caminar.



-Ahora, os enseñaré los pasos básicos del tango.- Miró a su alrededor buscando a Luis. Durante la media hora que habían estado caminando, había ido observando uno por uno a todos los alumnos. Cuando había posado su mirada en Luis, había visto en él a alguien con quien a pesar de sus torpes pasos, podría contar para tomarlo de ayuda en sus clases. Podría mejorar sus torpes pasos hasta convertirlos en los de un experto bailarín, en cambio una actitud positiva como la de Luis era prácticamente imposible de moldear. Ese tipo de actitud nace desde dentro para fluir fuera.



El profesor se acerco a Luis y con un pequeño gesto le invitó a acercarse junto a él en el centro del círculo que se había formado.



Matías permanecía algo apartado del grupo, su aspecto era cansado. De algún modo se sentía abatido. ¿Cómo podía tener tan mala suerte? Siempre que encontraba algo que realmente le gustaba, al final resultaba ser un gran fiasco. Qué mala suerte haber encontrado un profesor tan mediocre. Posiblemente tampoco el Tango merecería tanto la pena como para darle una segunda oportunidad.



Luis se acerco a Silvia mientras ella tomaba su abrigo negro del colgador, la tomo por el brazo.

- Siento haberte pisado tantas veces, ¿té lo podría compensar invitándote a un café?



Silvia le miro a los ojos.- Con leche por favor.- No conocía nada de aquel desastroso bailarín, pero tenía claro que deseaba rodearse de personas que le trasmitiesen sensaciones positivas, la mismas que él le había trasmitido mientras torpemente la pisaba, además empezaba a parecerle tremendamente atractivo.





“Una actitud equilibrada es el secreto del éxito para cualquier empresa que emprendemos. Tan malo es el exceso de ganas como la falta de ellas. En el equilibrio está la clave, de la misma manera que la mayor calma y serenidad se alcanza gusto en el ojo de la tormenta.”

lunes, 9 de agosto de 2010

El poder de la Inteligencia Emocional

Muchas veces nos hemos preguntado en qué consiste realmente la Inteligencia Emocional, para qué sirve o cómo nos puede ayudar a conseguir mejores resultados en nuestras actividades, ya sean laborales o de otro tipo.




En su libro Inteligencia Emocional, Daniel Goleman nos enseña muchas cosas prácticas sobre la ella; la primera, es la diferencia que tiene con la autoayuda, ya que la Inteligencia Emocional tiene una base científica, de la que la autoayuda carece.



También nos explica, que las emociones conducen a la acción, siendo éstas el miedo, enojo, felicidad, amor, sorpresa, desagrado y la tristeza.



En cuanto a la utilización de las partes del cerebro, es importante saber que la amígdala, es la sede de todas las pasiones y afectos, y su intervención con el neocortex, el hipocampo y los lóbulos prefrontales, constituyen el núcleo mismo de la Inteligencia Emocional, que consiste en utilizar inteligentemente las emociones (como su nombre propiamente indica).



La inteligencia académica poco tiene que ver con la vida emocional. El C.I. sólo aporta el 20% de los factores determinantes del éxito, el otro 80% depende de otros factores.



La I.E. es la capacidad de automotivación, de perseverar a pesar de las frustraciones, de controlar los impulsos, diferir las gratificaciones, regular los propios estados de ánimo, evitar que la angustia interfiera en nuestra razón, y la capacidad de empatizar y confiar en los demás. Uno de los elementos fundamentales de la inteligencia práctica, que suele valorarse más en el campo laboral, es el tipo de sensibilidad que permite a los directivos eficaces darse cuenta de los mensajes tácitos de sus subordinados.



La base de la I.E. consiste en el conocimiento de las propias emociones, la capacidad de controlarlas, junto a la capacidad de motivarse uno mismo, reconocimiento de las emociones ajenas y el control de las relaciones.



Existe una correlación entre el C.I. y la I.E., ya que toda persona es el resultado de la combinación, en diferentes proporciones, entre C.I e I.E.



Goleman, habla de tres tipos de personas:



1.La consciente de sí misma (siendo la consciencia de uno mismo la habilidad fundamental de la I.E.).

2.La atrapada en sus emociones.

3.La que acepta resignadamente sus emociones.

Respecto a la ansiedad, considera que se puede cortar el círculo vicioso de la preocupación cambiando el foco de atención de nuestros pensamientos, al igual que la tristeza se puede paliar buscando una distracción como por ejemplo el aerobic, hacerse regalos o una actividad de voluntariado.



Hay factores que nos ayudan en nuestra vida diaria, como por ejemplo la motivación positiva (que nos ayuda a aumentar nuestro rendimiento en el trabajo), los beneficios intelectuales de la risa o el optimismo. Además, la movilización emocional, consiste en la esencia de influir en los demás, lo que también nos puede ayudar positivamente.



La falta de I.E. en la empresa, puede llevarnos a la quiebra. También está demostrada la incidencia de las emociones en el desarrollo de una enfermedad, o que la mayor parte de los alumnos que presentan un bajo rendimiento escolar, carecen de uno o varios de los rudimentos esenciales de la I.E., que son la confianza, curiosidad, intencionalidad, autocontrol, relación, capacidad de comunicar y cooperación.



Parece que el temperamento nos predispone para reaccionar ante la vida con un registro emocional positivo o negativo, pero esto no tiene por qué ser así. Las lecciones emocionales que recibimos pueden tener un impacto muy profundo sobre el temperamento.

Es en la infancia, en el crisol de la amistad y en el bullicio del juego donde se forjarán las habilidades emocionales y sociales que condicionarán las relaciones que sostendremos durante el resto de nuestras vidas.



Las escuelas desempeñan un papel esencial en el cultivo del carácter, enseñando carisma y empatía, y hasta ahora hemos descuidado la educación emocional de los niños, lo que nos puede traer muchos problemas en el futuro.



Os pido que reflexionéis sobre el tema, que tratéis de lidiar con vuestras emociones para potenciar vuestra inteligencia emocional, pero sobre todo, que eduquéis a los niños sobre unas bases sólidas que les ayuden a desarrollarse como personas emocionalmente sanas, de esta manera podrán ser lo que se propongan en la vida.