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lunes, 26 de julio de 2010

Autoestima.

La autoestima, que es también denominada amor propio o auto apreciación, es la percepción emocional profunda que las personas tienen de sí mismas. Puede expresarse como el amor hacia uno mismo. Es un aspecto básico de la inteligencia emocional.




La percepción emocional puede fácilmente llegar a sobrepasar en sus causas a la racionalización y la lógica del individuo. Por ello, tener una buena autoestima implica ser conscientes de las virtudes y defectos propios (autoconcepto) así como de lo que los demás realmente dicen de uno (heteroconcepto) y sienten hacia uno (heteroestima), aceptando todo ello en su justa medida, sin amplificarlo ni reducirlo, sabiendo y afirmando que en cualquier caso uno es valioso y digno. Implica, por lo tanto, el respeto hacia uno mismo y consecuentemente hacia los demás. La autoestima es el requisito indispensable para las relaciones interpersonales y humanas sanas, ya que amarse así mismo permite que puedas amar y respetar a los demás.



Hay unos síntomas claros, que nos indican si tenemos una autoestima positiva o negativa:

Una persona con la autoestima alta, asume responsabilidades con facilidad, está orgullosa de sus logros, afronta nuevos retos con entusiasmo, utiliza sus medios, oportunidades y capacidades para modificar su vida de manera positiva, se quiere y se respeta a sí misma y consigue el aprecio y respeto de quienes le rodean, rechaza toda actitud negativa para la persona misma, expresa sinceridad en toda manifestación de afecto que realiza, se acepta a sí misma, no es envidiosa y es tolerante.



Sin embargo, cuando una persona tiene su autoestima baja, desprecia sus dones naturales, otras personas influyen en ella con facilidad, se frustra fácilmente, se siente impotente, actúa a la defensiva, culpa a los demás por sus debilidades y miente frecuentemente.



Con esta breve definición de la autoestima, pretendo que veáis la importancia que tiene su cuidado, para poder tener una vida que valga la pena. Facilita nuestro crecimiento, podemos tener acceso a nuestra energía interior y nos permite ser felices y libres.



Para aprender cómo mejorar nuestra autoestima debemos empezar por hacernos selectivos con los pensamientos que permitimos en nuestra mente, una mente que sólo nosotros podemos controlar.



Según Nathaniel Branden, para proteger nuestra autoestima, es necesario que sepamos evaluar nuestra conducta de la manera apropiada. Esto incluye, primero, tener la certeza de que los parámetros con los cuales juzgamos son verdaderamente nuestros, no los valores de los demás, con los cuales nos sentimos obligados a aparentar que estamos de acuerdo.



Segundo, necesitamos efectuar nuestras evaluaciones con una actitud no sólo de honestidad sino de compasión, una voluntad de tener en cuenta el contexto y las circunstancias de nuestras acciones, así como las opciones o alternativas que percibimos como accesibles. En aquellos asuntos en los que nos sintamos verdadera y justificadamente culpables, es preciso que tomemos las medidas específicas para eliminar la culpa en lugar de limitarnos a sufrir pasivamente.



Debemos aprender a no disculparnos nunca por nuestras virtudes, ni hacernos reproches por ellas, ni tratar de rechazarlas. Debemos tener el coraje de reconocer nuestros puntos fuertes y nuestros aciertos. De otro modo, estaremos traicionando a nuestra autoestima.



Necesitamos vivir activa y no pasivamente, asumir la responsabilidad de nuestras elecciones, sentimientos, acciones y bienestar para así hacernos responsables de nuestra propia existencia. Como la independencia, la productividad es una virtud básica de la autoestima, y el trabajo es una de las formas prácticas de manifestar la responsabilidad.



Al apoyar la autoestima de los otros, apoyamos la nuestra. Así, el hecho de vivir con benevolencia es necesario para la autoestima.

¿Cómo elevar nuestra autoestima? Practicando estas conductas. Viviendo conscientemente, aceptándonos a nosotros mismos, con responsabilidad, autenticidad, benevolencia e integridad.

martes, 6 de julio de 2010

Relaciones y dependencia.

La dependencia no nos deja respirar, no nos damos cuenta pero nos atrapa cada vez que necesitamos que otra persona nos dé el visto bueno para todo lo que hacemos. Actualmente, hay un gran porcentaje de la sociedad que depende emocionalmente de otra persona. Quizás no se han dado cuenta, pero es así. Y no tenemos más que pararnos a observar.




Esas parejas que no se despegan para nada, van juntos a todas partes, no salen con otras personas a no ser que vayan los dos, nunca se irían de viaje sin su otra mitad, porque no estarían a gusto ni serían capaces de disfrutar de los paisajes, la compañía, ni ninguno de los atractivos que pudiera tener esa experiencia, porque les falta algo, y es esa persona, la que inconscientemente supervisa todos sus actos. Al no estar juntos, no se sienten capaces de tomar decisiones, por mínimas que sean. Este tipo de personas, suelen cuestionar las relaciones de pareja independientes, ya que no les parece “normal” que cada uno pueda disfrutar de sus propias aficiones por su cuenta, que puedan decidir basándose en sus propios criterios. No entienden el concepto de independencia y pareja, ya que este tipo de dependencia es santificada por nuestra cultura (¡Cómo le quiere!).

Otro ejemplo, que seguro que a todos nos ha ocurrido, es el típico amigo absorbente, que nos llama varias veces al día para preguntarnos cualquier cuestión sobre sus actos cotidianos, si se pone la camisa negra o la roja, si para ir a un lugar toma un camino u otro, etc.



También existe dependencia en las relaciones familiares, sobre todo entre madres e hijos. Esas madres que no dejan que sus hijos abandonen el nido, negativizando la independencia al máximo, haciéndole ver lo dura que es la vida sin la seguridad de la familia (… cuando tengas que pagar la luz, el agua, el recibo del gas, etc.…). Y también a la inversa, la dependencia de los hijos hacia sus madres, los que no abandonan el hogar por temor a tener que tomar sus propias decisiones, y se ponen miles de excusas a sí mismos para justificarse.



Estos son sólo algunos ejemplos, la dependencia está presente en nuestras vidas constantemente, no hay más que escuchar la radio, canciones como “Si tú no estás aquí” de Rosana, “No puedo vivir sin ti” de Coque Maya, “Te necesito” de Amaral, entre otras muchas, y no sólo en la radio, también es curioso fijarse en diálogos de películas y series que vemos a diario, y que, como decía antes, están perfectamente aceptadas en nuestra sociedad.

Con este artículo, no es mi intención que os desvinculéis de vuestras parejas, amigos o familia, ¡¡¡al contrario!!!. Simplemente pretendo que hagamos un ejercicio, que empecemos a tomar nuestras propias decisiones, sin contar con nadie, sólo con nuestro propio criterio, que hagamos una lista de pros y contras, y nosotros mismos solucionemos la cuestión. Al principio resulta difícil, pero ya veréis como conforme vayáis tomando vuestras propias decisiones, os liberáis de muchas tensiones que ni siquiera sabíais que teníais. Recordad que es mucho más bonito disfrutar de una relación donde ninguna de las partes depende de la otra, seréis mucho más felices y estaréis predispuestos para hacer felices a los demás. Os pido que lo intentéis y me contéis cómo ha sido la experiencia, ya veréis cómo en poco tiempo no sólo notáis un cambio en vosotros mismos, sino también en la gente de vuestro entorno, que no sabrán por qué, pero también se sentirán mejor.