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lunes, 9 de agosto de 2010

El poder de la Inteligencia Emocional

Muchas veces nos hemos preguntado en qué consiste realmente la Inteligencia Emocional, para qué sirve o cómo nos puede ayudar a conseguir mejores resultados en nuestras actividades, ya sean laborales o de otro tipo.




En su libro Inteligencia Emocional, Daniel Goleman nos enseña muchas cosas prácticas sobre la ella; la primera, es la diferencia que tiene con la autoayuda, ya que la Inteligencia Emocional tiene una base científica, de la que la autoayuda carece.



También nos explica, que las emociones conducen a la acción, siendo éstas el miedo, enojo, felicidad, amor, sorpresa, desagrado y la tristeza.



En cuanto a la utilización de las partes del cerebro, es importante saber que la amígdala, es la sede de todas las pasiones y afectos, y su intervención con el neocortex, el hipocampo y los lóbulos prefrontales, constituyen el núcleo mismo de la Inteligencia Emocional, que consiste en utilizar inteligentemente las emociones (como su nombre propiamente indica).



La inteligencia académica poco tiene que ver con la vida emocional. El C.I. sólo aporta el 20% de los factores determinantes del éxito, el otro 80% depende de otros factores.



La I.E. es la capacidad de automotivación, de perseverar a pesar de las frustraciones, de controlar los impulsos, diferir las gratificaciones, regular los propios estados de ánimo, evitar que la angustia interfiera en nuestra razón, y la capacidad de empatizar y confiar en los demás. Uno de los elementos fundamentales de la inteligencia práctica, que suele valorarse más en el campo laboral, es el tipo de sensibilidad que permite a los directivos eficaces darse cuenta de los mensajes tácitos de sus subordinados.



La base de la I.E. consiste en el conocimiento de las propias emociones, la capacidad de controlarlas, junto a la capacidad de motivarse uno mismo, reconocimiento de las emociones ajenas y el control de las relaciones.



Existe una correlación entre el C.I. y la I.E., ya que toda persona es el resultado de la combinación, en diferentes proporciones, entre C.I e I.E.



Goleman, habla de tres tipos de personas:



1.La consciente de sí misma (siendo la consciencia de uno mismo la habilidad fundamental de la I.E.).

2.La atrapada en sus emociones.

3.La que acepta resignadamente sus emociones.

Respecto a la ansiedad, considera que se puede cortar el círculo vicioso de la preocupación cambiando el foco de atención de nuestros pensamientos, al igual que la tristeza se puede paliar buscando una distracción como por ejemplo el aerobic, hacerse regalos o una actividad de voluntariado.



Hay factores que nos ayudan en nuestra vida diaria, como por ejemplo la motivación positiva (que nos ayuda a aumentar nuestro rendimiento en el trabajo), los beneficios intelectuales de la risa o el optimismo. Además, la movilización emocional, consiste en la esencia de influir en los demás, lo que también nos puede ayudar positivamente.



La falta de I.E. en la empresa, puede llevarnos a la quiebra. También está demostrada la incidencia de las emociones en el desarrollo de una enfermedad, o que la mayor parte de los alumnos que presentan un bajo rendimiento escolar, carecen de uno o varios de los rudimentos esenciales de la I.E., que son la confianza, curiosidad, intencionalidad, autocontrol, relación, capacidad de comunicar y cooperación.



Parece que el temperamento nos predispone para reaccionar ante la vida con un registro emocional positivo o negativo, pero esto no tiene por qué ser así. Las lecciones emocionales que recibimos pueden tener un impacto muy profundo sobre el temperamento.

Es en la infancia, en el crisol de la amistad y en el bullicio del juego donde se forjarán las habilidades emocionales y sociales que condicionarán las relaciones que sostendremos durante el resto de nuestras vidas.



Las escuelas desempeñan un papel esencial en el cultivo del carácter, enseñando carisma y empatía, y hasta ahora hemos descuidado la educación emocional de los niños, lo que nos puede traer muchos problemas en el futuro.



Os pido que reflexionéis sobre el tema, que tratéis de lidiar con vuestras emociones para potenciar vuestra inteligencia emocional, pero sobre todo, que eduquéis a los niños sobre unas bases sólidas que les ayuden a desarrollarse como personas emocionalmente sanas, de esta manera podrán ser lo que se propongan en la vida.

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