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martes, 6 de julio de 2010

Relaciones y dependencia.

La dependencia no nos deja respirar, no nos damos cuenta pero nos atrapa cada vez que necesitamos que otra persona nos dé el visto bueno para todo lo que hacemos. Actualmente, hay un gran porcentaje de la sociedad que depende emocionalmente de otra persona. Quizás no se han dado cuenta, pero es así. Y no tenemos más que pararnos a observar.




Esas parejas que no se despegan para nada, van juntos a todas partes, no salen con otras personas a no ser que vayan los dos, nunca se irían de viaje sin su otra mitad, porque no estarían a gusto ni serían capaces de disfrutar de los paisajes, la compañía, ni ninguno de los atractivos que pudiera tener esa experiencia, porque les falta algo, y es esa persona, la que inconscientemente supervisa todos sus actos. Al no estar juntos, no se sienten capaces de tomar decisiones, por mínimas que sean. Este tipo de personas, suelen cuestionar las relaciones de pareja independientes, ya que no les parece “normal” que cada uno pueda disfrutar de sus propias aficiones por su cuenta, que puedan decidir basándose en sus propios criterios. No entienden el concepto de independencia y pareja, ya que este tipo de dependencia es santificada por nuestra cultura (¡Cómo le quiere!).

Otro ejemplo, que seguro que a todos nos ha ocurrido, es el típico amigo absorbente, que nos llama varias veces al día para preguntarnos cualquier cuestión sobre sus actos cotidianos, si se pone la camisa negra o la roja, si para ir a un lugar toma un camino u otro, etc.



También existe dependencia en las relaciones familiares, sobre todo entre madres e hijos. Esas madres que no dejan que sus hijos abandonen el nido, negativizando la independencia al máximo, haciéndole ver lo dura que es la vida sin la seguridad de la familia (… cuando tengas que pagar la luz, el agua, el recibo del gas, etc.…). Y también a la inversa, la dependencia de los hijos hacia sus madres, los que no abandonan el hogar por temor a tener que tomar sus propias decisiones, y se ponen miles de excusas a sí mismos para justificarse.



Estos son sólo algunos ejemplos, la dependencia está presente en nuestras vidas constantemente, no hay más que escuchar la radio, canciones como “Si tú no estás aquí” de Rosana, “No puedo vivir sin ti” de Coque Maya, “Te necesito” de Amaral, entre otras muchas, y no sólo en la radio, también es curioso fijarse en diálogos de películas y series que vemos a diario, y que, como decía antes, están perfectamente aceptadas en nuestra sociedad.

Con este artículo, no es mi intención que os desvinculéis de vuestras parejas, amigos o familia, ¡¡¡al contrario!!!. Simplemente pretendo que hagamos un ejercicio, que empecemos a tomar nuestras propias decisiones, sin contar con nadie, sólo con nuestro propio criterio, que hagamos una lista de pros y contras, y nosotros mismos solucionemos la cuestión. Al principio resulta difícil, pero ya veréis como conforme vayáis tomando vuestras propias decisiones, os liberáis de muchas tensiones que ni siquiera sabíais que teníais. Recordad que es mucho más bonito disfrutar de una relación donde ninguna de las partes depende de la otra, seréis mucho más felices y estaréis predispuestos para hacer felices a los demás. Os pido que lo intentéis y me contéis cómo ha sido la experiencia, ya veréis cómo en poco tiempo no sólo notáis un cambio en vosotros mismos, sino también en la gente de vuestro entorno, que no sabrán por qué, pero también se sentirán mejor.

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