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miércoles, 23 de junio de 2010

Conservar al niño que llevamos dentro

¿Qué hay más bonito que la inocencia de un niño? ¿Por qué mucha gente pierde el espíritu infantil conforme va creciendo? ¿Por qué cambia nuestro carácter y dejamos de disfrutar con las cosas básicas que antes nos hacían tan felices? ¿Por qué perdemos ese brillo en la mirada que lucíamos en nuestra infancia? Si te fijas, aún hay gente que lo conserva, y eso es debido a su forma de vida, a que no han prescindido del niño que llevan dentro.




“Naciste con derecho a ser feliz. Naciste con el derecho de amar, de disfrutar y de compartir tu vida. Estás vivo, así que toma tu vida y disfrútala.” Miguel Ruiz (Los cuatro acuerdos).



A veces no nos paramos a pensar en que conforme cumplimos años, nos vemos atados con cuerdas que nos oprimen, unas cuerdas que hemos ido trenzando nosotros mismos, y perdemos la ilusión por cosas que hace años nos hacían disfrutar.



¿Y no te has preguntado nunca por qué algo que antes nos volvía locos de alegría ahora no nos produce ninguna sensación?



Puede ser porque vivías el presente, porque no te preocupabas de muchas cosas, hacías lo que te apetecía cuando te apetecía, sin importarte en exceso lo que pudiesen opinar los demás si te encontraban haciendo algo que no se considerase aceptable, porque sabías que tenías la excusa de que eras un niño, y eso te salvaba de todas las críticas.



Si te apetecía quedar con alguien para jugar, no te daba vergüenza preguntárselo abiertamente, y si te decía que no, pues tampoco se acababa el mundo, buscabas otra persona con la que jugar y no había mayor problema.



No te daba miedo el tráfico, ni que te pudiesen asaltar por la calle, ni te preocupaba la crisis, ni la subida del euribor, ni el paro, ni el terrorismo…



Eras feliz con las pocas cosas que te daba la vida, tus amigos, unos cuantos juguetes y la seguridad de tu familia, no te hacía falta más. No sabías lo que era el materialismo como tal, y también dabas importancia a otras muchas cosas.



Y es cierto, que con el tiempo, adquirimos responsabilidades que antes no teníamos, que nos producen fuertes quebraderos de cabeza y que no nos permiten comportarnos como en nuestra infancia; también es cierto que debemos madurar y que si nos quedásemos estancados en esa época, poco habríamos evolucionado como personas, pero eso no significa que nuestras vidas se tengan que volver grises, ni quita que podamos disfrutar de los pequeños detalles.



Busca dentro de ti y recupera a ese niño. Como el que busca en el baúl de la ropa vieja en casa de sus padres y finalmente encuentra esa pieza de ropa que tanto le gustaba llevar y creía desaparecida, y a partir de ese día decide volver a utilizarla, aunque no sea tanto como antes.



No dejes de hacer las cosas que más te apetecen por miedo a lo que puedan opinar los demás, porque puedan pensar que no eres suficientemente maduro o que no estás a la altura. Puedes practicar dejando de hacer las cosas “porque ya toca”, “porque tenemos una edad”, “por el qué dirán”,… puedes hacer las mismas cosas, pero sin excusarte, simplemente hacerlas PORQUE TE APETECEN, y si no te apetecen, ¿por qué has de hacerlas?, como cuando eras niño, disfruta de los pequeños detalles, juega, patina, dibuja, disfrázate, canta, baila, ríe hasta que tus ojos rebosen de lágrimas y te duela la tripa, lo que más ilusión te haga, y que no te preocupe la edad que tengas.



Siempre es bueno rescatar a ese niño, para que nos vuelva a entusiasmar y nos haga recuperar el brillo de nuestra mirada. No te olvides de él y te acompañará siempre, hasta el último de tus días, animándote a no parar de aprender, a tener la autoestima en perfecto estado y sobre todo, a ser feliz, consiguiendo así, sentirte completamente realizado, gracias a la obtención de una vida plena. ¿Qué te parece la idea?

1 comentario:

  1. Me ha encantado.
    Precisamente hoy me ha dicho mi niña de 5 años mientras se miraba en el espejo del ascensor: "mamá, me brillan los ojos, por qué?". Yo he sonreído y me he quedado mirándola para comprobarlo y, efectivamente, le brillaban. Por qué? Porque es una niña, y porque es feliz. Es el brillo de la inocencia.. y que le dure mucho.
    Un beso.

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