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lunes, 10 de junio de 2013

Pedro y el hilo mágico

Pedro era un niño muy vivaracho. Todos le querían: su familia, sus amigos y sus maestros. Pero tenía una debilidad. - ¿Cual?

Era incapaz de vivir el momento. No había aprendido a disfrutar el proceso de la vida. Cuando estaba en el colegio, soñaba con estar jugando fuera. Cuando estaba jugando soñaba con las vacaciones de verano. Pedro estaba todo el día soñando, sin tomarse el tiempo de saborear los momentos especiales de su vida cotidiana. Una mañana, Pedro estaba caminando por un bosque cercano a su casa. Al rato, decidió sentarse a descansar en un trecho de hierba y al final se quedó dormido. Tras unos minutos de sueño profundo, oyó a alguien gritar su nombre con voz aguda. Al abrir los ojos, se sorprendió de ver una mujer de pie a su lado. Debía de tener unos cien años y sus cabellos blancos como la nieve caían sobre su espalda como una apelmazada manta de lana. En la arrugada mano de la mujer había una pequeña pelota mágica con un agujero en su centro, y del agujero colgaba un largo hilo de oro.

La anciana le dijo: "Pedro, este es el hilo de tu vida. Si tiras un poco de él, una hora pasará en cuestión de segundos. Y si tiras con todas tus fuerzas, pasarán meses o incluso años en cuestión de días" Pedro estaba muy excitado por este descubrimiento. "¿Podría quedarme la pelota?", preguntó. La anciana se la entregó.

Al día siguiente, en clase, Pedro se sentía inquieto y aburrido. De pronto recordó su nuevo juguete. Al tirar un poco del hilo dorado, se encontró en su casa jugando en el jardín. Consciente del poder del hilo mágico, se cansó enseguida de ser un colegial y quiso ser adolescente, pensando en la excitación que esa fase de su vida podía traer consigo. Así que tiró una vez más del hilo dorado.

De pronto, ya era un adolescente y tenía una bonita amiga llamada Elisa. Pero Pedro no estaba contento. No había aprendido a disfrutar el presente y a explorar las maravillas de cada etapa de su vida. Así que sacó la pelota y volvió a tirar del hilo, y muchos años pasaron en un solo instante. Ahora se vio transformado en un hombre adulto. Elisa era su esposa y Pedro estaba rodeado de hijos. Pero Pedro reparó en otra cosa. Su pelo, antes negro como el carbón, había empezado a encanecer. Y su madre, a la que tanto quería, se había vuelto vieja y frágil. Pero el seguía sin poder vivir el momento. De modo que una vez más, tiró del hilo mágico y esperó a que se produjeran cambios.
Pedro comprobó que ahora tenía 90 años. Su mata de pelo negro se había vuelto blanca y su bella esposa, vieja también, había muerto unos años atrás. Sus hijos se habían hecho mayores y habían iniciado sus propias vidas lejos de casa. Por primera vez en su vida, Pedro comprendió que no había sabido disfrutar de las maravillas de la vida. Había pasado por la vida a toda prisa, sin pararse a ver todo lo bueno que había en el camino.

Pedro se puso muy triste y decidió ir al bosque donde solía pasear de muchacho para aclarar sus ideas y templar su espíritu. Al adentrarse en el bosque, advirtió que los arbolitos de su niñez se habían convertido en robles imponentes. El bosque mismo era ahora un paraíso natural. Se tumbó en un trecho de hierba y se durmió profundamente. Al cabo de un minuto, oyó una voz que le llamaba. Alzó los ojos y vio que se trataba nada menos que de la anciana qu muchos años atrás le había regalado el hilo mágico. "¿Has disfrutado de mi regalo?", preguntó ella. Pedro no vaciló al responder: "Al principio fue divertido pero ahora odio esa pelota. La vida me ha pasado sin que me enterase, sin poder disfrutarla.Claro que habría habido momentos tristes y momentos estupendos, pero no he tenido oportunidad de experimentar ninguno de los dos. Me siento vacío por dentro. Me he perdido el don de la vida. "Eres un desagradecido, pero igualmente te concederé un último deseo", dijo la anciana. Pedro pensó unos instantes y luego respondió: "Quisiera volver a ser un niño y vivir otra vez la vida". Dicho esto se quedó otra vez dormido.

"Pedro volvió a oír una voz que le llamaba y abrió los ojos. ¿Quien podrá ser ahora?, se preguntó. Cual no sería su sorpresa cuando vio a su madre de pie a su lado. Tenía un aspecto juvenil, saludable y radiante. Pedro comprendió que la extraña mujer del bosque le había concedido el deseo de volver a su niñez. Ni que decir tiene que Pedro saltó de la cama al momento y empezó a vivir la vida tala como había esperado. Conoció muchos momentos buenos, muchas alegrías y triunfos, pero todo empezó cuando tomó la decisión de no sacrificar el presente por el futuro y empezar a vivir en el ahora.


Fragmento tomado de "El monje que vendió su Ferrari" Robin S. Sharma

martes, 19 de junio de 2012

El bambú japonés. Cuento Zen.

No hay que ser agricultor para saber que una buena cosecha requiere de buena semilla, buen abono y riego constante.
También es obvio que quien cultiva la tierra no se para impaciente frente a la semilla sembrada y grita con todas sus fuerzas: "¡Crece, maldita seas!"...

Hay algo muy curioso que sucede con el bambú japonés y que lo trasforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente.

Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto, que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles.

Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de solo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros!

¿Tardó solo seis semanas crecer?.

No. La verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse.

Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años.

Quiero agradecer a mi gran amiga y compañera Lola Minchero, que me ha ayudado con esta fábula que nos ayuda a ver que para tener éxito en esta vida, hay que ser como el bambú japonés, que a parte de esta peculiaridad, tiene otras muchas que también nos podemos aplicar, como la flexibilidad y la capacidad de levantarse cuando el viento le hace tocar el suelo.

jueves, 22 de septiembre de 2011

¿Mi objetivo es real?

En septiembre volvemos a la rutina, la vuelta al trabajo, estudios, etc… Después de la época estival y las bien merecidas vacaciones, todo son buenos propósitos.



Queremos apuntarnos al gimnasio, dejar de fumar, aprender un idioma, estudiar una carrera nueva… Pero… ¿Nos hemos parado a pensar en la calidad y cantidad de nuestros objetivos?


Lo primero que debemos hacer es analizar cada uno de nuestros nuevos objetivos, proponernos una fecha para cumplirlos, buscar las herramientas de las que disponemos actualmente y conocer cuáles debemos conseguir para llegar a la meta propuesta. También debemos analizar que la consecución de las mismas también sea realista.


Es muy importante que el objetivo en cuestión sea realista y que nos incumba única y exclusivamente a nosotros mismos. No puedo plantearme un objetivo que se base en el esfuerzo o implicación, por mínima que sea, de otra persona (por ejemplo, conseguir que mi hijo coma pescado), ya que cabe la posibilidad de que no lo cumplamos, aún habiendo puesto todo de nuestra parte, ya que interviene también la voluntad de otro individuo.


Tampoco podemos pretender conseguir metas que son físicamente imposibles, como por ejemplo si una persona de 1´60 m se propone medir 1´80. Ahora se ve lógico, pero a veces nos empeñamos en conseguir cosas así de complejas…


Una vez hemos analizado todo esto de cada uno de nuestros objetivos, es el momento de mirar cuántos objetivos pretendemos abarcar al mismo tiempo y si son compatibles entre ellos. Es imprescindible calendarizar nuestras acciones para conseguir estos objetivos, ya que debemos ver que, aunque los objetivos en sí sean compatibles, no se conviertan en incompatibles por cuestión de otros factores, como podría ser tiempo o dinero (si el martes a las 18h voy al gimnasio no puedo ir ese día a la misma hora a clase de inglés).


Ya sé que lo que estoy escribiendo no es desconocido para nadie, e incluso puede que estéis pensando que no es necesaria una explicación para algo tan sencillo, pero como casi todos vosotros sabéis, debido a mi profesión como Coach, veo muchos casos de objetivos desproporcionados, irreales, o mal gestionados, simplemente por el hecho de que no solemos sentarnos previamente a hacer este análisis.


¿Por qué no empezamos por el principio?


Recordad que en esta vida se puede conseguir todo lo que uno se proponga siempre que se gestione bien el proceso que se elija para caminar hacia esa meta. Os deseo muchos éxitos con vuestros nuevos objetivos.