A estas alturas del mes de Agosto, mucha gente ya ha terminado sus vacaciones, otros las están empezando, algunos están esperando para comenzar a disfrutarlas, pero... este año, hay mucha gente que se quedará sin ellas.
En los tiempos de crisis que estamos viviendo, y debido a la situación económica de algunas empresas y de muchas familias, hay mucha más gente que ha decidido seguir trabajando durante el período vacacional que le correspodía y cambiarlo por una contraprestación económica.
Entiendo cuáles pueden ser los motivos, en unos casos, es la empresa, la que, al haber despedido a gente por cuestiones económicas, exprime a los trabajadores que todavía continúan en plantilla y les pide que renuncien a sus vacaciones para poder hacer frente al trabajo pendiente. En otros casos, es la situación económica de la familia del empleado, debido a la altas tasas de desempleo, la que le obliga a negociar esta situación con su empleador.
Sin embargo, sea cual fuere la causa, es importante conocer por ambas partes, cuáles pueden ser las consecuencias de que no se disfruten las correspondientes vacaciones.
Las vacaciones son imprescindibles para aliviar el estrés. Si un empleado está estresado y no se toma el respiro necesario para poder librarse de esa situación, ésta se puede convertir en algo fatal, tanto para el trabajador, como para el empleador.
Todos sabemos las consecuencias que puede tener una acumulación de estrés. Tanto desde el punto de vista de la convivencia o ambiente laboral, ya que el estrés nos vuelve irritables, como desde el punto de vista de la salud, ya que está científicamente probado que los picos de estrés pueden desencadenar en enfermedades de todo tipo, que puden ir desde problemas en la piel, pasando por diabetes, hipotiroidismo o problemas renales, entre otros. Las conscuencias de todas estas enfermedades perjudicarán tanto al empleado como al empresario, ya que, bajo mi punto de vista, es preferible tener a un empleado de vacaciones unos días, que tenerlo de baja por enfermedad.
Esta es sólo una pequeña reflexión, para que quienes han decidido negociar el cambio de sus vacaciones por contraprestaciones económicas, ya sea por parte de la empresa, o del trabajador, teniendo en cuenta cuáles pueden ser las consecuencias de sus actos. Personalmente, considero que unos días de vacaciones no le vienen mal a nadie y a partir de esta reflexión, cada uno es libre de hacer lo que quiera, siempre con la información necesaria.
viernes, 19 de agosto de 2011
miércoles, 3 de agosto de 2011
Hacer lo que se espera de tí
Tras algunos sucesos que he vivido a lo largo de mi vida, sumados a situaciones que me han ido comentando otras personas, hoy me veo casi obligada a escribir sobre este tema.
Me he dado cuenta, de que hay muchas veces, en que nos vemos obligados a hacer cosas que no nos apetecen, simplemente porque es lo que se espera de nosotros. Esto puede llevarnos a cometer muchos errores y a entrar en un círculo vicioso que nos puede llevar al abismo más profundo si no lo sabemos controlar.
Todo empieza en nuestra infancia, cuando intentamos contentar a nuestros padres con cada uno de nuestros actos, empezamos a andar porque ellos son felices cuando lo hacemos, y aunque nos caigamos y nos hagamos daño, sintamos miedo a volverlo a intentar, lo volvemos a hacer porque ellos nos lo piden.
Más tarde, cuando empezamos a relacionarnos socialmente, intentamos hacer las cosas que más gustan a nuestros amigos, primos o hermanos mayores, por el simple hecho de que queremos ser aceptados por ellos.
La cosa se empieza a complicar cuando llegamos a la adolescencia, donde podemos optar por varios caminos, pero en cualquiera de ellos que escojamos, nuestro comportamiento siempre va a estar guiado por el afán de impresionar a otras personas, hacer lo que otros quieren que hagamos, ya sean nuestros padres, profesores, amigos, personas del sexo opuesto... nos volvemos más rebeldes, pero sólo en apariencia, en realidad es la época de nuestra vida en la que somos más influenciables, con la única diferencia, de que las personas en las que basamos nuestro comportamiento, suelen cambiar, ya no intentamos impresionar a nuestros padres o familiares, sino que nos interesa más nuestro grupo de amigos, sobre todo los del sexo opuesto.
Hasta este punto, todo parece normal y entra dentro del desarrollo normal de todo ser humano, el problema nos lo encontramos, cuando a nuestra edad adulta, todavía seguimos actuando como los demás quieren que lo hagamos.
Cuando nuestras amistades nos exigen un determinado comportamiento por el simple hecho de ser amigos, como por ejemplo que quedemos con ellos habitualmente, o que mantengamos un contacto obligatorio, que acudamos a determinados eventos, etc...
Cuando nuestra familia demanda la mayoría de nuestra atención, cuando se nos exige un comportamiento determinado, y ya no sólo nuestro, sino que esto suele ser extensible al resto de miembros de la familia formada posteriormente (pareja, hijos, etc) que puede estar o no de acuerdo con esas normas impuestas.
Cuando nos llegamos a sentir mal porque no tenemos cierto status social, porque nos hemos quedado desempleados, y pensamos antes en lo que vamos a decepcionar a los demás, que en cómo va a ser nuestra vida...
Entonces hemos generado un problema con nuestro comportamiento complaciente para con los demás. Llega un punto en que la gente está tan acostumbrada a que hagas lo que ellos esperan de tí, que se convierte en una obligación y si en un momento dado fallas en cualquier pequeño detalle, se va a considerar como un daño irreparable.
Entonces es el momento de pararte a pensar... ¿Dónde está el fallo? Es una buena pregunta para reflexionar sobre el tema... ¿Crees que es un fallo de los demás? ¿O es una consecuencia de tus propios actos? ¿Cómo crees que podrías atajar este problema?
Estaré encantada de recibir vuestras conclusiones, yo ya encontré las mías...
Me he dado cuenta, de que hay muchas veces, en que nos vemos obligados a hacer cosas que no nos apetecen, simplemente porque es lo que se espera de nosotros. Esto puede llevarnos a cometer muchos errores y a entrar en un círculo vicioso que nos puede llevar al abismo más profundo si no lo sabemos controlar.
Todo empieza en nuestra infancia, cuando intentamos contentar a nuestros padres con cada uno de nuestros actos, empezamos a andar porque ellos son felices cuando lo hacemos, y aunque nos caigamos y nos hagamos daño, sintamos miedo a volverlo a intentar, lo volvemos a hacer porque ellos nos lo piden.
Más tarde, cuando empezamos a relacionarnos socialmente, intentamos hacer las cosas que más gustan a nuestros amigos, primos o hermanos mayores, por el simple hecho de que queremos ser aceptados por ellos.
La cosa se empieza a complicar cuando llegamos a la adolescencia, donde podemos optar por varios caminos, pero en cualquiera de ellos que escojamos, nuestro comportamiento siempre va a estar guiado por el afán de impresionar a otras personas, hacer lo que otros quieren que hagamos, ya sean nuestros padres, profesores, amigos, personas del sexo opuesto... nos volvemos más rebeldes, pero sólo en apariencia, en realidad es la época de nuestra vida en la que somos más influenciables, con la única diferencia, de que las personas en las que basamos nuestro comportamiento, suelen cambiar, ya no intentamos impresionar a nuestros padres o familiares, sino que nos interesa más nuestro grupo de amigos, sobre todo los del sexo opuesto.
Hasta este punto, todo parece normal y entra dentro del desarrollo normal de todo ser humano, el problema nos lo encontramos, cuando a nuestra edad adulta, todavía seguimos actuando como los demás quieren que lo hagamos.
Cuando nuestras amistades nos exigen un determinado comportamiento por el simple hecho de ser amigos, como por ejemplo que quedemos con ellos habitualmente, o que mantengamos un contacto obligatorio, que acudamos a determinados eventos, etc...
Cuando nuestra familia demanda la mayoría de nuestra atención, cuando se nos exige un comportamiento determinado, y ya no sólo nuestro, sino que esto suele ser extensible al resto de miembros de la familia formada posteriormente (pareja, hijos, etc) que puede estar o no de acuerdo con esas normas impuestas.
Cuando nos llegamos a sentir mal porque no tenemos cierto status social, porque nos hemos quedado desempleados, y pensamos antes en lo que vamos a decepcionar a los demás, que en cómo va a ser nuestra vida...
Entonces hemos generado un problema con nuestro comportamiento complaciente para con los demás. Llega un punto en que la gente está tan acostumbrada a que hagas lo que ellos esperan de tí, que se convierte en una obligación y si en un momento dado fallas en cualquier pequeño detalle, se va a considerar como un daño irreparable.
Entonces es el momento de pararte a pensar... ¿Dónde está el fallo? Es una buena pregunta para reflexionar sobre el tema... ¿Crees que es un fallo de los demás? ¿O es una consecuencia de tus propios actos? ¿Cómo crees que podrías atajar este problema?
Estaré encantada de recibir vuestras conclusiones, yo ya encontré las mías...
lunes, 25 de julio de 2011
El observador que somos
Esta publicación la he visto en el "Espacio de Coaches Ontológicos", grupo del que soy miembro desde hace un tiempo, como es un grupo cerrado de Facebook, he decidido publicar el escrito en mi blog para que todos vosotros podáis disfrutarlo también. Espero que os haga pensar como me hizo pensar a mí...
Era una vez, una industria de calzado, que desarrolló un proyecto para exportar zapatos a la India. La Gerencia de la empresa envía a sus dos mejores consultores a puntos diferentes de la India para hacer las primeras observaciones del potencial de compra de aquel futuro mercado.
Después de algunos días de investigación, uno de los consultores envía el siguiente fax a la gerencia de la industria:
“Señores, cancelen el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí nadie usa zapatos”.
Sin saber de ese fax, algunos días después, el segundo consultor manda el siguiente mensaje:
"Señores, tripliquen el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí todavía nadie usa zapatos."
Como pueden apreciar, la misma situación era un tremendo obstáculo para uno de los consultores y una fantástica oportunidad para el otro consultor.
De la misma forma, todo en la vida puede ser visto de diferentes maneras y con enfoques distintos. La sabiduría popular nos traduce esta situación de la siguiente manera:
"Los tristes sienten que el viento gime; los alegres sienten que él nos canta”.
El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos.
Era una vez, una industria de calzado, que desarrolló un proyecto para exportar zapatos a la India. La Gerencia de la empresa envía a sus dos mejores consultores a puntos diferentes de la India para hacer las primeras observaciones del potencial de compra de aquel futuro mercado.
Después de algunos días de investigación, uno de los consultores envía el siguiente fax a la gerencia de la industria:
“Señores, cancelen el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí nadie usa zapatos”.
Sin saber de ese fax, algunos días después, el segundo consultor manda el siguiente mensaje:
"Señores, tripliquen el proyecto de exportación de zapatos para la India. Aquí todavía nadie usa zapatos."
Como pueden apreciar, la misma situación era un tremendo obstáculo para uno de los consultores y una fantástica oportunidad para el otro consultor.
De la misma forma, todo en la vida puede ser visto de diferentes maneras y con enfoques distintos. La sabiduría popular nos traduce esta situación de la siguiente manera:
"Los tristes sienten que el viento gime; los alegres sienten que él nos canta”.
El mundo es como un espejo que devuelve a cada persona el reflejo de sus propios pensamientos.
viernes, 22 de julio de 2011
Quemando etapas...
Hay momentos en la vida que invitan a la reflexión, normalmente es en esos momentos cuando la gente nos dice que nos ve raros o “de bajón”, y no necesariamente tenemos que estarlo, simplemente estamos reflexionando...
Habitualmente, ese tipo de períodos de reflexión nos ayudan a evolucionar, sin embargo, a veces es duro dejar atrás determinadas cosas para avanzar hacia una nueva meta.
¿Cómo se estructura nuestra evolución como seres humanos? Pues en cualquier faceta de la vida, nuestra evolución se estructura en varias etapas, ya sea a nivel profesional, personal, relacional, etc...
Empezamos siempre por etapas inferiores o más sencillas, y a medida que vamos adquiriendo experiencia y por consiguiente confianza en nosotros mismos y en lo que hacemos, vamos “quemando” esas etapas para embarcarnos en una nueva aventura que nos llevará hasta la siguiente etapa.
En esta evolución natural, a veces se hace duro ese cambio, ya que solemos acomodarnos en el lugar donde dominamos cualquier situación, pero personalmente, considero que es de cobardes quedarse estancado y negarse a avanzar por el hecho de “controlar la situación”.
Embarcarnos hacia cosas nuevas, donde hay que asumir riesgos siempre genera intranquilidad e inquietud, pero si no nos ponemos a ello va a ser difícil que avancemos en la vida (por no decir imposible). Hay que quitarse el miedo a lo desconocido.
Y si fracasamos... ¿qué es lo peor que nos puede pasar? Quizás que nos tengamos que volver a levantar, sacudirnos el polvo y volver a empezar.
Son los períodos de reflexión de los que hablaba antes donde hay que hacer una lista de pros y contras, analizar todo lo que puede ocurrir... y si nos daños que provocaría el fracaso no son irreparables... no debemos dudar en emprender la aventura de buscar nuevos caminos, quemar etapas e intentar avanzar hacia nuestro nuevo futuro.
Las vacaciones suelen ser un período muy propicio para plantearnos nuevos retos y proyectos, para planificar cómo será nuestro próximo ciclo a partir de septiembre, así como el final y principio del año, que también nos animan a emprender nuevos retos. En estas épocas es cuando se llenan los gimnasios, las academias de idiomas, los centros para dejar de fumar, consultas de coaching, etc...
Es muy importante la constancia en todo lo que emprendemos, ya que no sirve de nada empezar muy fuerte para dejar nuestro nuevo e ilusionante proyecto al cabo de unas semanas. Así que hay que analizar muy bien el por qué de todo lo que hacemos, debemos buscar una motivación suficientemente fuerte y si vemos que nuestra meta no es proporcionada, buscar una que se adapte a nuestras condiciones presentes. Esto no significa que no vayamos a llegar a la meta que nos habíamos propuesto, sólo que hay que ser realistas e ir marcándonos objetivos alcanzables en el presente para que progresivamente nos vayamos acercando a nuestra meta final. Mediante estos objetivos iremos “quemando” las etapas necesarias para conseguir llegar a donde nos habíamos propuesto inicialmente.
Dicho esto, cuando os llegue el momento de reflexionar, espero que lo hagáis de la manera que os vaya a ser más beneficiosa. No me queda más que deseados mucha suerte en vuestros nuevos proyectos...
Habitualmente, ese tipo de períodos de reflexión nos ayudan a evolucionar, sin embargo, a veces es duro dejar atrás determinadas cosas para avanzar hacia una nueva meta.
¿Cómo se estructura nuestra evolución como seres humanos? Pues en cualquier faceta de la vida, nuestra evolución se estructura en varias etapas, ya sea a nivel profesional, personal, relacional, etc...
Empezamos siempre por etapas inferiores o más sencillas, y a medida que vamos adquiriendo experiencia y por consiguiente confianza en nosotros mismos y en lo que hacemos, vamos “quemando” esas etapas para embarcarnos en una nueva aventura que nos llevará hasta la siguiente etapa.
En esta evolución natural, a veces se hace duro ese cambio, ya que solemos acomodarnos en el lugar donde dominamos cualquier situación, pero personalmente, considero que es de cobardes quedarse estancado y negarse a avanzar por el hecho de “controlar la situación”.
Embarcarnos hacia cosas nuevas, donde hay que asumir riesgos siempre genera intranquilidad e inquietud, pero si no nos ponemos a ello va a ser difícil que avancemos en la vida (por no decir imposible). Hay que quitarse el miedo a lo desconocido.
Y si fracasamos... ¿qué es lo peor que nos puede pasar? Quizás que nos tengamos que volver a levantar, sacudirnos el polvo y volver a empezar.
Son los períodos de reflexión de los que hablaba antes donde hay que hacer una lista de pros y contras, analizar todo lo que puede ocurrir... y si nos daños que provocaría el fracaso no son irreparables... no debemos dudar en emprender la aventura de buscar nuevos caminos, quemar etapas e intentar avanzar hacia nuestro nuevo futuro.
Las vacaciones suelen ser un período muy propicio para plantearnos nuevos retos y proyectos, para planificar cómo será nuestro próximo ciclo a partir de septiembre, así como el final y principio del año, que también nos animan a emprender nuevos retos. En estas épocas es cuando se llenan los gimnasios, las academias de idiomas, los centros para dejar de fumar, consultas de coaching, etc...
Es muy importante la constancia en todo lo que emprendemos, ya que no sirve de nada empezar muy fuerte para dejar nuestro nuevo e ilusionante proyecto al cabo de unas semanas. Así que hay que analizar muy bien el por qué de todo lo que hacemos, debemos buscar una motivación suficientemente fuerte y si vemos que nuestra meta no es proporcionada, buscar una que se adapte a nuestras condiciones presentes. Esto no significa que no vayamos a llegar a la meta que nos habíamos propuesto, sólo que hay que ser realistas e ir marcándonos objetivos alcanzables en el presente para que progresivamente nos vayamos acercando a nuestra meta final. Mediante estos objetivos iremos “quemando” las etapas necesarias para conseguir llegar a donde nos habíamos propuesto inicialmente.
Dicho esto, cuando os llegue el momento de reflexionar, espero que lo hagáis de la manera que os vaya a ser más beneficiosa. No me queda más que deseados mucha suerte en vuestros nuevos proyectos...
jueves, 14 de julio de 2011
¿A donde nos lleva el rencor?
Tenemos una creencia generalizada sobre lo importante que es el orgullo para hacernos respetar en la sociedad. Ligado a éste, vienen otras consecuencias como por ejemplo el rencor.
¿Y cómo podríamos definir el rencor? Es un profundo resentimiento que se incuba como una enfermedad. el rencoroso se aferra a ese sentimiento de manera obstinada y obsesiva, lo cual puede llegar a provocar debilidad en su salud mental. Según el diccionario, es un sentimiento arraigado y persistente. Y en términos más coloquiales, yo lo definiría como esa mala sensación que sentimos al hablar de algo o de alguien que en el pasado nos pudo causar algún daño.
Hace poco, en un curso sobre actitud, explicaba a los asistentes que la actitud tiene tres componentes: el cognoscitivo, que nos permite conocer un objeto social, el emotivo, que nos hace sentir algo hacia ese objeto social y el conductual, que es el que hace que nos comportemos de una u otra manera ante el mismo.
Basándonos en esta teoría, personalmente considero que el rencor puede resultar bastante absurdo. Y para llegar a esta conclusión sólo hay que hacerse unas preguntas que nos pueden servir para esta y otras situaciones:
¿Cómo me hace sentir? y sobre todo ¿Qué me aporta esta situación?. Poca gente (por no decir nadie) sería capaz de contestar algo positivo a estas dos preguntas... entonces no me queda más remedio que lanzar una tercera pregunta... ¿Y por qué me decanto por la opción del rencor? supongo que la respuesta a esta pregunta nos lleva al mismo punto de partida, es una cuestión de orgullo o dignidad, o como hayamos preferido llamarlo, pero todos sabemos de qué se trata.
Sólo me gustaría que hiciésemos una reflexión al respecto, que por defecto profesional la basaré en una pregunta ¿qué gano siendo tan orgulloso? quizás que me respeten, o que me tengan en consideración, incluso que la gente pueda llegar a tener miedo a mis reacciones debido a mi carácter altivo... puede ser...
Pero la siguiente pregunta seguramente no nos la hayamos planteado nunca... ¿Y qué pierdo siendo tan orgulloso? A simple vista nos cuesta ver las cosas que hemos podido llegar a perder a lo largo de toda nuestra vida, pero si nos sentamos delante de un papel en blanco con un bolígrafo en la mano, puede que lleguemos a una conclusión que no nos guste. Si lo pensamos bien, por nuestro orgullo hemos perdido amistades, oportunidades de pasarlo bien y disfrutar, incluso puede que alguna pareja, quizás nuestra relación con algún familiar se ha visto perjudicada por esto mismo... y mi pregunta final es... ¿Merece la pena?
Sentémonos, reflexionemos y saquemos conclusiones, espero que aprendamos a vivir sin tanto rencor.
¿Y cómo podríamos definir el rencor? Es un profundo resentimiento que se incuba como una enfermedad. el rencoroso se aferra a ese sentimiento de manera obstinada y obsesiva, lo cual puede llegar a provocar debilidad en su salud mental. Según el diccionario, es un sentimiento arraigado y persistente. Y en términos más coloquiales, yo lo definiría como esa mala sensación que sentimos al hablar de algo o de alguien que en el pasado nos pudo causar algún daño.
Hace poco, en un curso sobre actitud, explicaba a los asistentes que la actitud tiene tres componentes: el cognoscitivo, que nos permite conocer un objeto social, el emotivo, que nos hace sentir algo hacia ese objeto social y el conductual, que es el que hace que nos comportemos de una u otra manera ante el mismo.
Basándonos en esta teoría, personalmente considero que el rencor puede resultar bastante absurdo. Y para llegar a esta conclusión sólo hay que hacerse unas preguntas que nos pueden servir para esta y otras situaciones:
¿Cómo me hace sentir? y sobre todo ¿Qué me aporta esta situación?. Poca gente (por no decir nadie) sería capaz de contestar algo positivo a estas dos preguntas... entonces no me queda más remedio que lanzar una tercera pregunta... ¿Y por qué me decanto por la opción del rencor? supongo que la respuesta a esta pregunta nos lleva al mismo punto de partida, es una cuestión de orgullo o dignidad, o como hayamos preferido llamarlo, pero todos sabemos de qué se trata.
Sólo me gustaría que hiciésemos una reflexión al respecto, que por defecto profesional la basaré en una pregunta ¿qué gano siendo tan orgulloso? quizás que me respeten, o que me tengan en consideración, incluso que la gente pueda llegar a tener miedo a mis reacciones debido a mi carácter altivo... puede ser...
Pero la siguiente pregunta seguramente no nos la hayamos planteado nunca... ¿Y qué pierdo siendo tan orgulloso? A simple vista nos cuesta ver las cosas que hemos podido llegar a perder a lo largo de toda nuestra vida, pero si nos sentamos delante de un papel en blanco con un bolígrafo en la mano, puede que lleguemos a una conclusión que no nos guste. Si lo pensamos bien, por nuestro orgullo hemos perdido amistades, oportunidades de pasarlo bien y disfrutar, incluso puede que alguna pareja, quizás nuestra relación con algún familiar se ha visto perjudicada por esto mismo... y mi pregunta final es... ¿Merece la pena?
Sentémonos, reflexionemos y saquemos conclusiones, espero que aprendamos a vivir sin tanto rencor.
miércoles, 15 de junio de 2011
Las actitudes en condiciones extremas de supervivencia: Sir Ernest Shackleton
Sir Shackleton en 1914 junto a 28 hombres en el Endurance, se propone atravesar la Antártida, sin embargo la nave queda atrapada entre los hielos polares, y después de que quedase destruida deben abandonarla. Liderados por Shackleton, cazan focas y pingüinos disputándoselas peligrosamente a las Orcas, pero lo que tuvo un impacto significativo sobre el futuro de todos esos hombres, fue que sobre los témpanos de hielo organizaban competiciones deportivas, celebraban cumpleaños, leían la Enciclopedia Británica, y se las arreglan para tener todos los días actividades que les ayudasen a mantener la moral arriba. Finalmente, Shakleton logra encontrar ayuda, son rescatados por la nave Chilena Yelcho y vuelven a casa todos sanos y salvos.
Shackleton no había perdido ni un solo hombre en los tres años que duró su expedición. La aventura de Shackleton, es posiblemente la más importante de cuantas se han vivido en los Polos, y aunque no aportó ningún beneficio material, ni ningún avance científico, a excepción de la experiencia personal de los protagonistas, la supervivencia de todos los participantes supone en sí misma un triunfo, una victoria del hombre sobre las condiciones naturales más adversas basándose en un elemento fundamental: el manejo todo el tiempo de la actitud en la tripulación.
Shackleton no había perdido ni un solo hombre en los tres años que duró su expedición. La aventura de Shackleton, es posiblemente la más importante de cuantas se han vivido en los Polos, y aunque no aportó ningún beneficio material, ni ningún avance científico, a excepción de la experiencia personal de los protagonistas, la supervivencia de todos los participantes supone en sí misma un triunfo, una victoria del hombre sobre las condiciones naturales más adversas basándose en un elemento fundamental: el manejo todo el tiempo de la actitud en la tripulación.
jueves, 2 de junio de 2011
El líder nace o se hace (continuación)
El líder es la referencia dentro de un grupo (ya sea un equipo deportivo, un curso universitario, una compañía de teatro, el departamento de una empresa, etc.). Es la persona que lleva "la voz cantante" dentro del grupo; su opinión es la más valorada.
El liderazgo no tiene que ver con la posición jerárquica que se ocupa: Una persona puede ser el jefe de un grupo y no ser su líder y, al contrario, puede ser el líder sin ser el jefe.
A los miembros del grupo les inspira confianza saber que al frente del mismo se encuentra el líder. Lo que caracteriza al líder es su habilidad para conducir equipos; aunque muchas son las cualidades que definen al líder.
Visionario: se caracteriza por adelantarse a los acontecimientos, por anticipar los problemas y detectar oportunidades mucho antes que los demás. Persona de acción: no se contenta con soñar, el líder quiere resultados. Brillante: el líder sobresale sobre el resto del equipo. Coraje: no se amilana ante las dificultades. Contagia entusiasmo: consigue que el equipo le siga, que comparta sus objetivos. Gran comunicador: habilidad que le va a permitir "vender" su visión de manera sugerente. Convincente: sabe presentar sus argumentos de forma que consigue ganar el apoyo de la organización. Gran negociador: el líder es muy hábil negociando. Capacidad de mando: es una persona comprensiva, pero no una persona blanda. Exigente: con los demás, pero también, y muy especialmente, consigo mismo. Carismático: si además de las características anteriores, el líder es una persona carismática, nos encontraríamos ante un líder completo. No obstante, hay que señalar que es perfectamente posible un líder sin carisma. Honestidad: unos elevados valores éticos son fundamentales para que el liderazgo se mantenga en el tiempo. Cumplidor: el líder tiene que ser una persona de palabra: lo que promete lo cumple. Coherente: el líder tiene que vivir aquello que predica.
Otras características del líder, asimismo importantes, que permiten fortalecer su papel, son las siguientes:
Trabajador: el líder debe mostrar una gran dedicación al trabajo, debe predicar con el ejemplo, trabajar duro, que el grupo vea que está volcado con lo que hace. Pero debe ser capaz de llevar una vida equilibrada, de compaginar su actividad profesional con su faceta personal, familiar, social, etc. Perseverante: Tan sólo la perseverancia permitirá triunfar en el empeño. Flexible: Un auténtico líder no teme que por cambiar su punto de vista o por aceptar la opinión de otra persona esté dando muestras de debilidad. Autodominio: tiene que ser una persona fuerte, capaz de mostrar serenidad e infundir tranquilidad en los momentos más difíciles. Prudente: aunque el líder sea una persona que asume riesgos, no por ello deja de ser prudente. Realista: el líder está siempre con los pies en el suelo. Justo: el líder debe ser (y parecer) una persona justa. Humano, accesible y humilde: el líder es una persona cercana. Generoso: la generosidad es fundamental en todo líder. Culto: El líder debe preocuparse por desarrollarse personalmente, por alcanzar un elevado nivel cultural. Inquieto: es una persona inconformista. Con sentido del humor: el humor es fundamental en la vida, siendo especialmente útil en los momentos de dificultad. Optimista: el optimismo es contagioso, se expande al resto. En buena forma física: el líder tiene que cuidarse, llevar una vida sana, hacer deporte, cuidar su alimentación, descansar. Es la única forma de poder rendir al 100%.
Después de leer todas estas características te estarás preguntando si hay que nacer con algún don innato para poder llegar a ser un buen líder.
La opinión generalizada es que hay líderes que nacen con capacidades innatas y hay otros que se van formando en su desarrollo profesional y personal.
Las habilidades innatas favorecen el desarrollo del líder, pero a veces resulta más determinante la formación que uno va adquiriendo y la experiencia que va acumulando.
Personalmente, opino que todas estas cualidades se pueden ir entrenando poco a poco y finalmente, conseguir llegar a la excelencia.
Desde aquí, te animo a trabajar estos aspectos para poder llegar a ser el líder de tu grupo de trabajo u ocio, y como siempre, te insto a que me comentes tus experiencias!
El liderazgo no tiene que ver con la posición jerárquica que se ocupa: Una persona puede ser el jefe de un grupo y no ser su líder y, al contrario, puede ser el líder sin ser el jefe.
A los miembros del grupo les inspira confianza saber que al frente del mismo se encuentra el líder. Lo que caracteriza al líder es su habilidad para conducir equipos; aunque muchas son las cualidades que definen al líder.
Visionario: se caracteriza por adelantarse a los acontecimientos, por anticipar los problemas y detectar oportunidades mucho antes que los demás. Persona de acción: no se contenta con soñar, el líder quiere resultados. Brillante: el líder sobresale sobre el resto del equipo. Coraje: no se amilana ante las dificultades. Contagia entusiasmo: consigue que el equipo le siga, que comparta sus objetivos. Gran comunicador: habilidad que le va a permitir "vender" su visión de manera sugerente. Convincente: sabe presentar sus argumentos de forma que consigue ganar el apoyo de la organización. Gran negociador: el líder es muy hábil negociando. Capacidad de mando: es una persona comprensiva, pero no una persona blanda. Exigente: con los demás, pero también, y muy especialmente, consigo mismo. Carismático: si además de las características anteriores, el líder es una persona carismática, nos encontraríamos ante un líder completo. No obstante, hay que señalar que es perfectamente posible un líder sin carisma. Honestidad: unos elevados valores éticos son fundamentales para que el liderazgo se mantenga en el tiempo. Cumplidor: el líder tiene que ser una persona de palabra: lo que promete lo cumple. Coherente: el líder tiene que vivir aquello que predica.
Otras características del líder, asimismo importantes, que permiten fortalecer su papel, son las siguientes:
Trabajador: el líder debe mostrar una gran dedicación al trabajo, debe predicar con el ejemplo, trabajar duro, que el grupo vea que está volcado con lo que hace. Pero debe ser capaz de llevar una vida equilibrada, de compaginar su actividad profesional con su faceta personal, familiar, social, etc. Perseverante: Tan sólo la perseverancia permitirá triunfar en el empeño. Flexible: Un auténtico líder no teme que por cambiar su punto de vista o por aceptar la opinión de otra persona esté dando muestras de debilidad. Autodominio: tiene que ser una persona fuerte, capaz de mostrar serenidad e infundir tranquilidad en los momentos más difíciles. Prudente: aunque el líder sea una persona que asume riesgos, no por ello deja de ser prudente. Realista: el líder está siempre con los pies en el suelo. Justo: el líder debe ser (y parecer) una persona justa. Humano, accesible y humilde: el líder es una persona cercana. Generoso: la generosidad es fundamental en todo líder. Culto: El líder debe preocuparse por desarrollarse personalmente, por alcanzar un elevado nivel cultural. Inquieto: es una persona inconformista. Con sentido del humor: el humor es fundamental en la vida, siendo especialmente útil en los momentos de dificultad. Optimista: el optimismo es contagioso, se expande al resto. En buena forma física: el líder tiene que cuidarse, llevar una vida sana, hacer deporte, cuidar su alimentación, descansar. Es la única forma de poder rendir al 100%.
Después de leer todas estas características te estarás preguntando si hay que nacer con algún don innato para poder llegar a ser un buen líder.
La opinión generalizada es que hay líderes que nacen con capacidades innatas y hay otros que se van formando en su desarrollo profesional y personal.
Las habilidades innatas favorecen el desarrollo del líder, pero a veces resulta más determinante la formación que uno va adquiriendo y la experiencia que va acumulando.
Personalmente, opino que todas estas cualidades se pueden ir entrenando poco a poco y finalmente, conseguir llegar a la excelencia.
Desde aquí, te animo a trabajar estos aspectos para poder llegar a ser el líder de tu grupo de trabajo u ocio, y como siempre, te insto a que me comentes tus experiencias!
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